Justo al Noroeste de la provincia de León,
en la frontera con las provincias de Asturias y Lugo, se
esconde la comarca leonesa de Los Ancares. Tierra
olvidada
durante siglos y aun desconocida en nuestros días, ofrece
al viajero que se acerca a estas tierras, un sinfín de
imágenes y costumbres únicas, imposibles de encontrar en
otros lugares de la vieja Europa.
Venir a disfrutar Los Ancares, es olvidarse
de la prisa. Adentrarse en sus profundos valles y bosques
de cumbres desgastadas, obliga a recorrer sus pequeñas y
sinuosas carreteras con paciencia y tiempo. Observar y
comprender sus paisajes, sus pueblos y sus gentes
necesita de un ritmo tranquilo.
No se puede hablar de los
Ancares sin hablar de las pallozas, porque es imposible
imaginar los Ancares sin estas construcciones, y estas en otro
lugar
fuera de los Ancares. Porque las pallozas, más que una
tipología constructiva, son una forma de vida y de
supervivencia endémica.
La provincia de León, más que
en otro lugar de la península, guarda en sus diferentes
comarcas, distintos tipos de construcciones techadas con
cuelmos de centeno. Pero, lo que diferencia a éstas, de la
palloza ancareña, es su organización social. En los Ancares,
la Palloza es un todo; donde personas, animales, alimentos y
cosas, conviven bajo el mismo techo. Permitiendo en
los duros, oscuros y largos inviernos, sobrevivir sin salir
de la misma, a nevadas de días, semanas o meses.
No podemos negar a estas
alturas, que el primer recurso turístico de los Ancares son
sus pallozas, pero existen otro montón de
construcciones típicas de la zona, que no podemos dejar de
admirar: Castros, Colmenares con o sin Cortines Oseros, Cierres, Molinos, Horreos,
Puentes y Pasos, Fuentes, Presas, Neveras, etc.
La Comarca de Los Ancares
Leoneses, esta formada por 50 pueblos pertenecientes a los
municipios de
Vega de Espinareda, Villafranca del Bierzo, Fabero, Páramo
del Sil, Palacios del Sil, Villablino, Peranzanes y
Candín.
que se esconden en sus
grandes cuatro valles principales:
Burbia, Ancares, Fornela y el casi
gallego valle de Balboa.
El territorio que tiene
una extensión de casi 70.000 ha.
esconde especies de gran valor y aunque el urogallo
cantábrico es el rey de los bosques de ancares,
existen también en la zona otras especies de especial
interés como el águila real, el águila culebrera, la liebre
de piornal, el halcón peregrino, el alimoche, el pico
mediano o la perdiz pardilla, el lobo, la nutria y el desmán
cantábrico. El Oso, casi desaparecido de la
comarca, intenta de vez en cuando volver de sus pagos
lacianiegos, para pasear por sus tierras.
En los valles y bosques
podemos disfrutar de rebollos, encinas, robles albar, arces,
serbales, abedules, avellanos, castaños, acebos. En los
fondos de los valles, en las orillas de ríos y arroyos se
forman bosques de galería, a base de alisos y sauces y en su
parte alta, brezales, bajo matorral, enebros, arándanos,
etc.
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